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¿Publicar o patentar? La investigación baja a la tierra

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En un entorno donde conseguir publicar en una revista de impacto es un logro muy relevante, la frase de Mateo Valero, director del Centro Nacional de Supercomputación en Barcelona, sonó muy provocativo:«Lo fácil es publicar en 'Nature' o en 'Science', lo difícil es trasladar esa investigación a la sociedad». No se trata de conseguir una investigación excelente, sino de lograr que, además, sea «relevante». O sea, que tenga un impacto en la sociedad. Valero puede sacar pecho con su centro, con más de 400 investigadores, y acuerdos con grandes multinacionales. Pero acabó con la eterna queja cada vez que en una mesa se sienta la élite de los investigadores en España: poca flexibilidad y un reparto de recursos discutible porque sigue primando el «café para todas».

Antes que él, había hablado Juanjo Negro, director de la Estación Biológica de Doñana, en una mesa redonda dedicada a los centros de la red Severo Ochoa, el nombre del Nobel que es el sello de la élite investigadora, en el foro Transfiere de Málaga. Negro explicó algunos de los ejemplos de transferencia de ciencia en los que participan, como servir de estación de prueba para ver los efectos que pueda tener la arena de las dunas en las vías del AVE que se están construyendo en Arabia Saudí. También puso un vídeo en el que mostraba la tecnología que se está usando para el control de los caballos de Doñana, donde llevan «ocho años utilizando 'drones'». Como ejemplo de aplicaciones prácticas de la investigación, Negro explicó que están viendo cómo se podrían mejorar razas de caballos en el Norte de Europa con modificaciones genéticas de los de Doñana, muy resistentes a parásitos y picaduras.

Mateo explicó que el centro de supercomputación nació con 70 investigadores y que ahora ya son 425.«Por cada euro de financiación pública que obtenemos, conseguimos generar ocho». El director del centro dijo que habían preferido centrarse en cuatro campos para ser buenos en algunos. Como logro reciente, señaló que se ha firmado un acuerdo para evaluación de memorias con Samsung. Se mostró orgulloso del proyecto Alya Red, un simulador del corazón a gran escala que ha recibido premios internacionales.

Después llegó el turno de Manuel de León, director del Instituto de Ciencias Matemáticas, un centro que acumula un gran número de jóvenes investigadores premiados por la Unión Europea, «más que las tres universidades juntas con las que colaboramos». Al acabar la charla, De León resaltó que va calando en la sociedad la cantidad de utilidades que tienen los matemáticos, una carrera en la que apenas hay paro. Como ejemplo, en la ponencia habló de acuerdos alcanzados con el BBVA y con Axa Seguros, ya que en el sector financiero y en los seguros están empleando a muchos matemáticos.

Por su parte, Carmen Castresana, del Instituto de Biotecnología, explicó que en el centro se están consiguiendo patentes de vacunas tanto para humanos como para ganado. Como detalle especial del centro, contó que cuentan con espacio para alquilarlo a empresas «que de esta manera, están al lado de los investigadores», una fórmula que está dando resultados.

En el turno de preguntas, fue precisamente otro investigador del CSIC, el astrofísico Alberto Castro-Tirado, el que abrió el debate sobre lo poco reconocido que estaba en la carrera científica la obtención de patentes frente a la mera publicación. Desde la mesa, explicaron que, poco a poco, se avanza, ya que ahora existe el «sexenio tecnológico». Se reconocieron los intentos desde el Ministerio de Economía e Innovación por agilizar trámites y borrar burocracia, pero era llamativa la queja de ayer frente al alarde de agilidad que, el día anterior, hicieron los responsables de la transferencia tecnológica de las principales universidades israelíes que, además de generar patentes, se encuentran entre las cien primeras del mundo. La excelencia de la que hablaba Mateo Valero y, además, la relevancia. «La pena es que haya habido tan poca gente escuchando» decía Castro-Tirado mirando a las escasas 20 personas que quisieron comprobar en qué consisten los centros de élite en España.

FUENTE: http://www.elmundo.es/economia/2015/02/13/54dcfd89ca47410b378b4579.html